miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cinco antítesis

A las marujas y filólogas

Siempre creímos
que nos unía la pasión
por dejarnos los ojos
en cada página
(elegida u obligada)
y los callos al escribir.

Creímos, incluso,
que teníamos algo
en común;
los versos al menos,
o los besos en compartidos
gustos a veces.

Caímos en el error,
incluso,
de dormir juntas
en cuartos enanos
convencidas de que
respirábamos al unísono.

Y error tras error,
el resultado fue maravilloso.

Somos cinco seres
sin nada en común,
más que nuestros pasos
marcados en el mismo sendero.

Los pasos fuertes de Laura
hunden el barro con la decisión
propia del ser que lucha
y es consciente de su
propia debilidad.

Mientras que los de Gema
los siguen sigilosos, pequeños,
discretos y hasta distraídos,
pero muy sonrientes,
con su inteligencia insegura.

Inés siempre llega después
porque el porro requiere
su artesanía y el fumarlo
la aletarga.
Sin embargo,
sus pasos son artísticos,
únicos y siempre ingeniosos.

La Gema de ojos azules
se quedó algo dormida
mientras soñaba despierta
con su presente futuro.
De todos modos, ella
da siempre zancadas gigantesca
aún con sus delicados y escuetos fémures.

Yo las he visto venir,
porque las dibujé ya
en mis planes de deseos.
Aparecían ella fuertes,
en silueta,
con sus rasgos perfectos,
definidos,
porque así las quería yo,
cada una más loca que la anterior
y todas ellas fuertes
y capaces de elegir
el camino de su vida.

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